El artículo anterior lo cerraba con una desmoralizadora “sentencia de muerte en diferido” para aquellos agricultores que se quedan estancados en una dimensión de explotación agrícola reducida. Y muchos de los comentarios recibidos, eran para preguntar cuántos metros cuadrados o hectáreas eran considerados “pequeños” y por lo tanto, sentenciados a morir.

Este es el primer equívoco. La dimensión no está referida a la superficie cultivable. Al menos no completamente. La superficie cultivada es uno de los medios de producción pero no el único, y está matizada por el acceso a otros medios de producción: mano de obra, capital, tecnología. Y claro, todo medido en “dinero” (euros en nuestro caso).

Por lo tanto, la dimensión de la explotación es la que medimos en euros mediante la estructura del balance y la cuenta de resultados. Ya sé que un pequeño agricultor no ha hecho nunca un balance y tampoco la cuenta de resultados pero eso no significa que no exista o no importe; de hecho, el banco sí que te hace una “simulación de ambos” cuando vas a pedirle un crédito.

Pero para ponerlo en palabras sencillas que todo el mundo pueda entender. Si tienes una explotación agrícola familiar (en que la mano de obra propia no se valora como sueldo) y no te da para llegar a fin de mes (sin contar amortizaciones de préstamos) ya tienes una explotación pequeña. Ante esta realidad hay que buscar una manera de romper el círculo vicioso de falta de margen, falta de inversión y falta de competitividad.

En mi Linkedin un comentario cuestionaba las ayudas públicas a jóvenes y/o pequeños agricultores si estos, según mi artículo, estaban condenados. Evidentemente hay muchas subvenciones o ayudas que podemos cuestionar si sólo sirven para diferir una “muerte anunciada”, pero también en muchos casos podrían ser el último recurso para la re-estructuración de un sector.

En este sentido y para el frío análisis de viabilidad, da igual de donde vengan los recursos (gubernativos, préstamos, inversores capitalistas). Lo importante es cómo aumentamos la dimensión.

Así que, si no pensamos deslocalizar la producción (ir a otra zona/país a cultivar) podemos aumentar la dimensión (sin comprar más tierras) con la incorporación de tecnología que nos permita producir más y mejor (productividad) y nos dé acceso a plantar otros cultivos con mayor potencial de ingresos (y normalmente también más margen).

Y la buena noticia es que muchos agricultores aumentan la dimensión e incrementan la competitividad, mientras se acelera el deterioro de resultados de los agricultores más pequeños que, poco a poco, abandonan.

De esta manera y recapitulando de lo anterior, aunque la clasificación de qué es un agricultor pequeño, mediano y grande varía según el producto y la tecnología agraria aplicable, esta sería una primera aproximación:

  • Pequeña dimensión es aquella, en la que el deterioro de márgenes pone en cuestión la viabilidad económica de la explotación. Y enfrentados al progresivo deterioro de estos márgenes, cada vez más agricultores caen dentro de esta categoría. Y esto implica cruzar un punto de no – retorno; a partir del cual, el agricultor no contará con medios propios (porque su negocio no lo genera) o ajenos (porque el banco no le presta) para revertir la situación. Los bancos, debido a la pequeña dimensión de la explotación, harán el diagnóstico “correcto” y no le prestarán más para las necesidades de campaña o de inversión.
  • Dimensión mediana. Explotaciones agrícolas trabajando en umbrales de eficiencia con economías de escala. Suelen adoptar rápidamente nuevas tecnologías (tienen capacidad de inversión, de moderada a media) que a su vez les permiten subir un paso más, cada vez, en la dimensión de la explotación.
  • Grandes explotaciones. Explotaciones situadas en umbrales productivos de deseconomías de escala, pero que tratan de beneficiarse de algún factor de producción como, el acceso al capital (gran capacidad de inversión) o mediante la deslocalización de la producción en zonas de bajo coste de mano de obra. Normalmente estas grandes explotaciones se integran verticalmente “aguas abajo” con el dominio de otros eslabones de la cadena de valor (como el empaquetado y comercialización en origen) para generar economías de escala en estos eslabones y así para combatir las deseconomías generadas en la parte agrícola.

Los agricultores medianos son el nuevo milagro.

Y este es el verdadero Mittelstan español (ver qué es Mittelstan Alemán de la industria) de la agricultura intensiva. El nuevo gran milagro de la agricultura intensiva.

Agricultores muy profesionales con orientación al largo plazo, enfoque estrecho en productos y categorías de productos dedicados a segmentos concretos del mercado, calidad total, atención al detalle, beneficios novedosos, etc. Normalmente operando priorizando una exportación muy diversificada para cubrir el nicho en cada uno de los mercados disponibles (y de esta manera construir economías de escala).

Las grandes inversiones en auge.

Por otro lado y al calor, o mejor dicho, el frío (las rentabilidades de todo tipo de negocios han bajado mucho) de los mercados financieros internacionales, ya se habla una burbuja de inversión en los commodities agrícolas y parte de ello, ha llegado a nuestra agricultura intensiva y también a la fruticultura (En los últimos 2 años las inversiones en nuevas “grandes explotaciones” están siendo muy importantes).

Pero en este caso, estos grandes inversores agrícolas valoran el rendimiento comparado con otras inversiones (costes de oportunidad) y el valor de la tierra (ahora, para invertir; y después, para vender cuando el rendimiento anual del negocio cae por debajo del precio de la tierra).

Por esta razón, elegirán una estrategia en que los beneficios a corto plazo son muy tenidos en cuenta, pues hay necesidades de beneficios mayores para justificar la inversión y también, porque, normalmente, estas inversiones están muy apalancadas (acometidas con crédito). E Incluso están siendo realizadas por multinacionales que cotizan y por lo tanto, necesitan de beneficios altos para remunerar a los accionistas.

De resultas de lo anterior, las grandes explotaciones se orientarán a una exportación muy concentrada para construir economías de eficiencias logísticas y simplicidad operativa (economías de escala para combatir las deseconomías que se generan en la parte agrícola del negocio). Por lo tanto, su opción es escoger productos muy estandarizados con unas pocas referencias y con una manipulación (empaquetado) lo más sencilla posible sin desmerecer la calidad intrínseca del producto.

Al final, mi tesis positiva (si no, ya habría abandonado este negocio) se basa en que se está produciendo un progresivo y espectacular ajuste en nuestro sector, que está dando lugar a una reconversión con unas bases competitivas extraordinarias y principalmente asentadas sobre el Milagro de los Agricultores Medianos (nuestro Mittelstan).